Momento 40

… A él se le había presentado una oportunidad de trabajo en otro país, se preocupó por sacar la visa, comprar lo necesario para ese año que estaría fuera, dejar sus pagos y cuentas en orden … Manuel (39) tenía todo perfectamente planificado, perfectamente controlado, todo menos algo ¿con quién dejaría a sus dos perros?, y pensó: “no hay problema, tengo un gran amigo que los cuidará como si fueran suyos, como si fueran sus hijos” (o como en la actualidad suelen decir: “sus perrhijos”) …. Pero se equivocó….
Su amigo no quiso preocuparlo … pero a los 2 meses del viaje los perros comenzaron a bajar de peso sin razón o lógica aparente que explicara el fenómeno…cada semana que pasaba se consumían más … Percy (así se llamaba su amigo) consultó con más de un veterinario, ninguno encontraba nada que científicamente explicara lo que estaba pasando…el único que pudo decir algo fue un amigo de Percy que era entrenador de perros y había llevado cursos de psicología canina en más de un país … él a “ojos cerrados” le dijo: “¿Alguna vez te han abandonado?, bueno estos seres están deprimidos y no saben que conducta realizar para expresar lo duro que está siendo para ellos esta partida repentina, intempestiva y arbitraria de su amo…y “han decidido dejar de comer”. Percy se sentía egoísta de llamar a su amigo y cortarle este anhelado viaje y pensó que tarde o temprano los perros se autorregularían…se equivocó…
A los 9 meses de la partida de Manuel, “Oso” y “Toro” murieron…”murieron de pena”, simplemente una mañana no despertaron.
A los 12 meses Manuel regresó muy feliz de su viaje…Percy no sabía cómo darle la noticia…
La felicidad de Manuel no duró mucho, nada podía quitarle el nudo en la garganta…ni la novia que conoció en aquel país lejano (y quien decidió venir con él) podía calmar su tristeza, estaba simplemente destrozado y arrepentido…así llegó donde Reynaldo; destruido.

M: “Vas a pensar que vengo a verte por una estupidez pero lo que ha pasado con mis perros me destroza…”

Manuel había terminado de decirle estas palabras a Reynaldo y Leónidas apareció y se arrimó a la pierna de su amo, Reynaldo se agachó y lo acarició con mucho amor… y levantando la mirada le dijo a Manuel:

R: “Creo que sí te puedo entender… ¿qué quisieras hacer con lo que sientes?

M: “No sé” (Llora) “Me han dicho que usas unas técnicas donde de alguna manera yo podría hablar con ellos…”

R: “No es nada mágico y creo lo podemos manejar de otra forma…te presento a Leónidas “Mi Co-Terapeuta”, puedes cargarlo, acariciarlo, es dócil… ahora siéntalo frente a ti e imagina que es alguno de tus dos perros, ¿quién será primero?

Manuel llora y no lo puede creer, ya está en terapia y le duele mucho lo que ha empezado a sentir… es muy vívido todo.

M: Oso…

R: “Ok. Recuerda: Ya no es Leónidas, ahora es Oso…”cierra los ojos para que lo veas en tu mente”… ¿lo ves? ”

M: “Sí, está muy nítido”

R: “Ok, ahora esa imagen se hará más clara cuando abras tus ojos y veas a “Oso” frente a ti…”

Manuel abre los ojos y lo que ve lo “shockea” es muy fuerte…su mente racional le dice que está frente a Leónidas pero con todo su ser puede ver y sentir a “Oso”…agacha la cabeza y llora…llora mucho…se desgarra en su sillón…
Reynaldo con un tono suave le dice: “¿sabes entre los perros qué significa que agache la cabeza frente a su amo?”

M: (No puede hablar, pero mueve la cabeza como diciendo: “No”)

R: “Significa que ese perro se rinde frente al otro, o le demuestra sumisión y respeto…”

M: “Te suplico me perdones “Oso” … la cagué completa … ya no estás y me esperaste lo que pudiste soportar … fui egoísta, pensé que mi amigo al cuidarte no te haría sentir mi ausencia… yo que te crie desde pequeño, yo te enseñé tus primeros trucos, y fui quien estuve cerca de ti en tus primeras vacunas y en tus primeras enfermedades … soy una basura … perdóname “Oso”, por favor…”

Manuel se retuerce de dolor, de mucha tristeza, una profunda tristeza…quiere lanzarse a Leónidas…pero Leónidas “está en su Rol”, imperturbable, dulce, cálido y al servicio del dolor de Manuel.
Entonces Reynaldo dice:

R: “¿Quisieras decirle algo más a Oso?”

M: “Osito necesito que, si no es posible que me perdones, por lo menos me digas algo”

Reynaldo levanta a Leónidas y le dice a Manuel:

R: “Mantén tus ojos cerrados y cámbiate de lugar, quiero que con todo tu cuerpo te conviertas en Oso y siendo él le digas algo a Manuel”

R: “Oso, ¿quieres decirle algo a Manuel?”

M/O: “Manuel, nunca…nunca más vuelvas hacerle esto a ningún ser vivo que te ame tanto como te amé yo y mi hermano Toro…nunca”

Manuel termina de decir esto y ya no sabe cómo seguir, su llanto no le permite hablar…

R: “¿Quién llora?”

M/O: “Manuel”

R: “Bien entonces cámbiate de lugar y regresa a ser tú y aprópiate de tu llanto…es tuyo”

Manuel se cambia de lugar y Reynaldo coloca nuevamente a Leónidas en su Rol de Oso…

Manuel pide una pausa…le informa a Reynaldo que no puede seguir, que necesita que lo saque de este momento, de este trance, de este pantano de lágrimas…que por hoy es suficiente y que hablará con Toro en una próxima sesión, y de ser necesario con Oso nuevamente pero no hoy…que hoy no puede hacerlo.
Valgan verdades, Reynaldo no pensó en Toro para esta sesión…casi podía sentir en su piel el dolor, el arrepentimiento y el profundo amor de Manuel por una culpa que aún no había transformado en responsabilidad.

Manuel “salió” del lugar incómodo y sin mediar palabra se acercó donde Reynaldo muy despacio y como un niño lo abrazó y le dijo al oído:

M: “Gracias Reynaldo, Gracias a tu fiel Leónidas…”

Reynaldo lo abrazó con mucha ternura y delicadeza y acariciando su cabeza le dijo también al oído y en tono bajo:

R: “Manuel, Manuelito… Quien o quienes y cuántas veces te habrán abandonado… lo lamento”.

Parecía una pregunta, pero por la forma de decirlo y el tono de voz que usó era una clara afirmación, Reynaldo no tenía dudas de lo que decía, se arriesgó, y no tuvo medio de hacer esa intervención…

Los ojos de Manuel se abrieron como dos persianas de par en par dejando que el comentario de Reynaldo lo traspase…desde lo más profundo de sí pugnaba por hablar con voz de hombre para explicar algo que jamás pudo hacer pero antes que saliera su voz, él ya se había escuchado armando sus ideas con voz de niño… en su mente.

Escrito: Ps. Giancarlo P. Cordiglia Hernández

Arte: Rocío Beuzeville

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