Momento 43

Algunos días Reynaldo se encerraba en su consultorio a ver el decorado, la distribución, los colores, los adornos, los “files” de sus pacientes o simplemente miraba el mundo por la ventana. Aquella vez enfocó su mirada en la foto de su padre que había fallecido hacía 5 años … no sabía por qué ni cuándo pero lo cierto es que ya tenía el pequeño cuadro en sus manos … miró su rasgos, sus gestos en esa foto, su rostro envejecido (era una de las últimas fotos que se había dejado tomar antes de morir, a Alfonso no le gustaban las fotos) … de tanto mirar la foto recordó todas las veces que en terapia había revisado a su padre, también recordó lo parecido que era a él a la hora de intervenir con algunos pacientes y cómo alguno de ellos de rato en rato le recordaban algo de él … sin embargo esa tarde lo que más le hizo sentido fue recordar algo que al parecer nunca había salido de forma tan nítida en cualquiera de los espacios terapéuticos mencionados … una frase que siempre le decía Alfonso cuando Reynaldo era niño:
“Hijo nunca olvides que si estás bien conmigo, siempre todo, te va salir bien”
De alguna manera sonaba “bonito”, pero en ese instante Reynaldo se preguntó qué significaba “estar bien conmigo?”; su cuerpo se estremeció frente a algo que a todas luces era un condicionamiento … cuántas veces (quizá) de forma poco conciente Reynaldo había hecho la voluntad del padre, sin darse cuenta (?) … y entonces otra frase brotó, así como lágrimas amargas brotaban de sus ojos: “Si estás bien conmigo todo te irá bien, hazme caso y llegarás lejos” esto ya era más pesado para él … le sonaba casi a una amenaza, Reynaldo después de tantas horas y horas de terapia y supervisión recién se daba cuenta de esta mezcla de condicionamiento amenazador y “disciplina tierna” por la que había pasado… miró el cuadro de su padre y no pudo no odiarlo por un momento, sin embargo no se embarcó en rencores y menos en perdones, sabía que todo esto sería un proceso y además sospechaba que era algo más grande que él o algo más profundo que ahora su mente, asombrada y distraída, no podía explicarle … entonces pensó que mientras esa revelación llegaba, quizá podía intentar hacer las paces consigo mismo, tenerse más paciencia y auto-cuidado … sin embargo en ese instante leyó un mensaje que súbitamente llegó a su celular: “Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor” … esto le complicaba todo … dejó el cuadro de Alfonso y balbuceando dijo: “Que difícil es ser un padre o una madre, es como que siempre habrá algo de qué quejarse, algo que dejará inconforme al otro, desde cosas grandes hasta pequeños detalles” … esa tarde se daba cuenta que sonaba a frase trillada, sin embargo nunca había tenido tanta conciencia de lo dicho.

Escrito: Ps. Giancarlo P. Cordiglia Hernández

Arte: Rocío Beuzeville

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