Momento 48

… Leónidas había muerto … el fiel compañero de Reynaldo ya nunca más lo acompañaría en su consultorio …

Fue una mañana cualquiera, mientras Reynaldo atendía a una paciente que padecía de umbrales de ataque de pánico cuando escuchó un ruido como si fuera un lamento, como un grito ahogado, como una voz ininteligible y apagada … todo eso y la sensación intuitiva de que algo en los ambientes de su casa no andaba bien … le pidió disculpas a su paciente y atendió aquel “llamado” … Leónidas sin ninguna causa aparente se había desplomado al costado de donde se desarrollaba la consulta … un amigo de Reynaldo (que era veterinario) certificaba la muerte indicando paro cardiaco … una cosa fulminante, un “algo” que no se puede predecir, que no se puede calcular, que es lo último que se podría desear y con mayor razón en este vínculo tan especial donde amo y mascota eran mucho más que eso …

Aquella mañana Reynaldo canceló a todos sus pacientes del día y se quedó solo en el zaguán de la casa revisando su celular y viendo todas las fotos que tenía junto a Leónidas … como si aquella conexión virtual pudiera devolverle a su querido amigo, pero él sabía que eso era imposible, que con el tiempo, a lo mucho, podría aspirar a mantener vivo su recuerdo con alguna invención que lo salvara de lo que temía le podía suceder: deprimirse. 

Y sucedió, Reynaldo empezó a entrar en un cuadro depresivo, ya no se levantaba temprano, casi no comía, atendía menos pacientes y los atendía en automático, suspiraba por casi todo y lloraba antes de dormir y al levantarse … un día dejo de atender y entró en algo que después él denominó: “mutismo selectivo parecido a un coma inducido” … Ya no estaba disponible ni para él y menos para otras personas … se mantuvo meses así, la medicación y las ganas de salir de esto no eran suficientes … de vez en cuando venía un amigo a visitarlo pero él no hablaba y todo terminaba en un monologo, de vez en cuando alguna amiga lo visitaba e intentaba ofrecerle compañía, apoyo, sexo, descanso, pero él estaba como un autómata … sus respuestas orgánicas estaban en modo básico, no era conciente de casi nada … se movía en un mundo solitario, peligrosamente solitario …

Un día sin fecha recibió un email, era un paciente antiguo, Reynaldo lo recordó y supo que debía abrir el correo, no entendía porque, pero supo que debía leerlo …

Ismael: “Hola Reynaldo, recuerdo nuestras sesiones años atrás y quisiera retomar mi proceso contigo, el tema es que no quiero salir de mi casa y no quiero tampoco tener una imagen ni tuya ni mía en el computador … no se si me dejo entender … quisiera que por favor me atendieras a través de correos electrónicos y bajo una particularidad: necesito mandarte poemas que comencé a escribir desde que mi novia decidió terminar nuestra relación, yo la sigo viviendo como “nuestra” como te podrás dar cuenta, pero este movimiento arbitrario de su parte me dejó sin piso y ya sabes lo frágil que puedo llegar a ser … pero bueno … ya me dirás …. ”

Reynaldo, que funcionaba ahora en automático, tecleó un escueto: “Acepto”. 

Ismael: “Hola Reynaldo aquí te envío el primer escrito, yo les llamé poemas pero honestamente me importa muy poco lo que sean estos escritos … sólo se que así reciba una palabra de tu parte frente a cada escrito que mande, me sentiré bien y satisfecho … ”

Primer E Mail:

Poema 1

“El Universo explotó 

y las partes del todo caótico se fueron acomodando, 

como tu mirada en mi mirada. 

Con ese toque exacto que tiene el sol cuando se oculta en el horizonte

 y acaricia el mar … 

y es que acaso soy el sol sumergiéndome en él 

o seré el mar que se pierde en las fauces del sol? 

Como cuando tus manos se pierden en las mías y viceversa

La piel de tu piel es irrepetible, 

Nunca sabré si mi piel te produjo algún efecto …

Solo se que te tengo aquí entre mis imperfecciones

entre mis lunares, tatuajes y cicatrices …

Cuando te veo, al cerrar los ojos, 

siento que te toco, te acaricio, te moldeo.

Ahora todo es a distancia y en mi mente,

esto es más parecido a acariciar la seda,

ese elemento que no necesita ser estrujado …

Eres el sonido que en mis oídos resuena a diario, 

como el dulce trinar de un ave que me llena el alma …

que me llena el alma con su sola presencia

y es que sin ti 

mi sangre puede seguir corriendo por mis venas,

pero sin tu melodía la sinfónica no estaría completa …

Belleza”

No olvides enviarme tu número de cuenta bancaria, respeto tu tiempo y valoro tus respuestas, por lo que no voy a negociar el precio … tú decide cuánto cobrarme

Respuesta de Reynaldo: 

Número de Cuenta: 2265854-3376336GCYVA . Cantidad a depositar: “La medida de tu dañado corazón”. 

Mi respuesta a tu primer E mail: “Suelta”

Escrito: Ps. Giancarlo P. Cordiglia Hernández

Arte: Rocío Beuzeville 

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